Nunca pensé en la venganza como un plato que se debe comer frío. Mi madre, una mujer fría y aparentemente calculadora, era simplemente una esclava del trabajo. Ella, a su vez, se había casado con un alcohólico. Un alcohólico del trabajo. A pesar de sus malos entendidos se amaban intensamente. Probablemente mucho más que muchos en su gereneración de 'Baby Boomers'.
La protagonista padecía también de una enfermedad heredada por ellos llamada'"ser hermana mayor". No es fácil ser la hermana mayor de un ser que a veces se cree el omnipotente dueño y señor de la tecnología del siglo 21. Por algo es fiel amante de la informática, como le llaman a ese mal en Latinoamérica. Cuentan las malas lenguas, que la madre de este ser lo consiente demasiado y debe liberarlo de las redes de la co-dependencia. pero el ser no es tonto, se deja mimar y consentir a su antojo y desantojo. Al ver que la protagonista llega al hogar, osa en en copiarle las frases de manipulación sutil para tratar de usarlas a su favor. La guerra es constante, directa y sin tregua. Siempre se busca a la aliada inexistente que termina siendo el árbitro jy ambos , tanto el ser y la protagonista, corren a sus cuevas, molestos por creer que perdieron la batalla del fin de semana. Al irse la protagonista, nuevas trampas se le ocurren al ser planificadas para desempeñarlas en su próxima visita semanal.
La protagonista, ignorante ante las amenazas de sus hermano en su ausencia, recorre la ciudad. A veces se siente deseosa de volver a la ciudad. Cree también que se acostumbro al ruido demasiado rápido. Todavía rememora las pesadillas, el miedo a vivir sola en una ciudad extraña... Pero le gusta. Sabe que no todo ha sido bueno, sano ni beneficioso. El bendito muro de Berlín la hizó despertar de muchas cosas. Cree y sabe que no hubiera sido lo mismo sin sentarse a conocerlo. Arrepertirse no vale ni decirlo. La realidad fue chocante para ella y el resurgir fue mejor. El muro fue un apoyo pero llegó el momento tan esperado del derrumbe. Volver al pasado en Alemania no tenía sentido ya. Quería pasar tiempo a solas, se sentía herida por los bloques que cayeron estrepitosamente. Pero las heridas cicatrizaban. Resolvió mudarse más cerca, conocer otro aire, otra vida....
Decidió ir a La Argentina. Allí conoció Bariloche. Esa ciudad la acogió muy bien. Era una calma, tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo. Se sentía protegida, querida, pero sobretodo escuchada, Al querer expandir su descubrimiento con los demás, sucedió lo inevitable. Bariloche empezó a perder su encanto, se convirtió en una ciudad sureña sombría que se convertía en muy poca cosa para las aspiraciones de la protagonista. Ella se sentía cómoda en esa ciudad pero la ciudad estaba detenida en el tiempo. Su subconsiente la obligaba a progresar. Hasta que un día conoció a Buenos Aires. Era la señal que necesitaba, se dijó para sí, sin estar todavía muy convencida. Esa semana , Bariloche hizo una fiesta importante a la cual ella no fue invitada. Se terminó de convencer que lo mejor era irse de Bariloche. Al comunicar su decisión, nuevamente desilucionada y dolida por la ciudad que pensó podía hacerla feliz, emprendió viaje a Puerto Rico. Un corazón herido se cura con trabjo, ocupaciones y familia. la protagonista decidió quedarse en Puerto Rico, con expectativas más altas, de que llegará alguien dispuesta a hacerla feliz en un lugar lejano a su patria. Berlín y Bariloche fueron su pasado, queriendo ser su presente. Su presente es Puerto Rico, mientras su futuro sigue siendo incierto.