Muchos hemos pasado por la odisea de buscar hospedaje. Algunos tienen suerte de caer en manos de un buen arrendador. Un buen arrendador es responsable y dispuesto a negociar. Sin embargo, otros suelen pasar por sitios de esperpento, donde sus arrendadores prestan los mínimos cuidados y los alquilan a precios de villas y castillas. A mí me toco pasar por esas en mi tercer año de universidad. Curiosamente, la idea fue de mi madre. Pese a que no vivo al otro lado de la isla (Lajas), ella quería que no perdiera parte de lo que es ser universitario (salidas, amistades, etc.). La búsqueda empezó a finales de mayo. Esta es una mala fecha por la invasión de prepas, que son los favoritos de los arrendadores ya que toman lo que sea. Me acuerdo que mi madre y yo dimos vueltas por Mayagüez anotando teléfonos. Al día siguiente, ya estaba viendo apartamentos. Me acuerdo de uno en particular. El dueño lo daba a muy buen precio en remodelación. Cuando yo entré, eso era una peste y una suciedad. Quedaba justamente en una esquina detrás del Garabato en un segundo piso con balcón. Subí unas escaleras finitas que te daban una sensación de claustrofobia aunque no la hayas sufrido jamás en tu vida. Al llegar arriba, el centro sala -comedor- cocina era un color vómito. El cuarto había sido pintado de los colores rojo, amarillo y azul más intensos y oscuros que en tu vida hayas visto. El balcón era finito con una puerta que no cerraba. Y el baño no había visto un Lestoil® en mucho tiempo. El penúltimo hospedaje que fui a ver era uno de una arrendadora maniática. La señora vivía en la casa principal, mientras que los inquilinos vivían en unos cuartos abajo. También contaba con unos apartamentos, en un lugar parecido a un almacén de agro centro. Ella mostró el apartamento disponible, que era caluroso y con un techo bajito. Tenía, además, una fina cortina translúcida encima de la cama, que era lo único que impedía que el vecino viera el interior del apartamento. De pronto, la señora empezó con reglas: que ella viene de sorpresa a chequear que todo este limpio, no se permiten visitas, no se puede llegar después de medianoche… Para colmo, la señora cobraba por el hueco $350 dólares, y si querías usar su “espacioso” estacionamiento, eran $50 dólares adicionales por mes. Pero, entre tanto esperpento, mi mamá y yo conseguimos el apartamento en cual llevo 1 año ya. Este apartamento, acabado de hacer, incluía nevera, estufa, microondas, mueble de microondas, escritorio con su lámpara y silla, cama, mesa, dos sillas, abánico de techo, acondicionador de aire y el agua. Además de eso, durante los primeros 6 meses no me cobraron la luz por no haber contador instalado todavía. Para mí, la odisea de buscar hospedaje fue toda una aventura. Me hizo darme cuenta que hay personas que se les ha olvidado lo que es ser estudiante, pese a ser ellos sus inquilinos.

Huy yo se q es eso, me cae te juro q en dos o tres ocasiones sali corriendo al ver los departamentos q estaban a la renta, haha, es algo dificil y despues caro, y para colmo habia algunso do0nde la sala, la cocina y la lavanderia eran comunitarios, y como yo habia planeado vivir con un amigo la odisea fue aun mas dificil, al final encontramos un lindo lugar justo para los dos, aunq actualmente vivo sola..............
Yo estoy a punto de pasar por el temido y odiado proceso... y lo que es mas como dirian por ahi:"estoy mas perdia que un juey bizco" e llamado a unos cuantos hopedajes pero seguro que te lo van a pintar bonito. Solo me queda esperar y poner manos a la ora antes de que se me haga tarde